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sábado, 6 de abril de 2013

Vidocq: de ladrón a policía


Llevaba queriendo escribir un artículo sobre este personaje desde que comencé con el blog, hace ya tres años, por lo que me hace especial ilusión presentar esta nueva entrada de La Bayoneta, dedicada a este pionero sin igual. Empezaré diciendo que hay personajes cuyas vidas parecen más ficción que realidad, para los cuales la historia tiene reservado un sitio especial en su memoria. Este es el caso de Eugène-François Vidocq, fundador de la Sûreté Nationale de Francia, padre de la criminología, y hasta entonces, famoso malhechor, que vivió entre los años 1775 y 1857.

Qué es realidad y qué es leyenda en su extensa vida es difícil de distinguir. Sus aventuras las conocemos por algunos relatos que él mismo escribió sobre sus experiencias, por los testimonio de quienes le llegaron a conocer, y por la biografía escrita por un autor anónimo, probablemente su amigo Honoré de Balzac. Pero lo cierto es que todas estas fuentes coinciden en destacar lo inaudito de su existencia: el hombre que para redimir sus pecados consagró su vida a la lucha contra el crimen. El propio Víctor Hugo reconocería que se inspiró en este genio a la hora de dar vida a dos de los personajes centrales de su novela Los Miserables: el inspector Javert y el protagonista, Jean Valjean. Quién mejor para hablar sobre la capacidad del hombre para cambiar, tema central de esta obra, que aquél que se enorgullecía de haber salido de un pozo de miseria para convertirse en paladín de la ley y el orden. 

Eugène-François Vidocq

Vidocq nació en Arrás, una ciudad del norte de Francia. Su padre, panadero, podía pagarle estudios, pero él no tenía madera de estudiante. Se dice que, aún joven, le robó 2000 francos, para así huir a las américas a causa de un duelo en el que había participado. De todas formas, perdió el dinero, por lo que decidió después de pasar algunas penurias alistarse en el ejército, en la convulsa época de la Revolución Francesa. Esto apenas superados los 15 años.  Sin embargo, su naturaleza impulsiva lo condujo a no encajar en la vida castrense. El escritor Néstor Luján contaba que en dos años participó de 20 duelos,  en los que mató al menos a dos compañeros. Tras agredir a un oficial, se vio obligado a desertar. La convulsa Francia que siguió a la Revolución, la del Terror de Robespierre no era el lugar idóneo para él, tan dado a correr riesgos, por lo que escapó a Bélgica, donde se relacionó con bandidos y se hizo delincuente, aprendiendo todo lo necesario sobre este mundo, y logrando reunir un cierto colchón económico. Pero una vez más, esta vez al llegar a París, el dinero voló en fiestas y prostitutas, por lo que tuvo que volver a dedicarse al crimen. Estafa, robo, atraco, contrabando, e incluso seducción de mujeres adineradas; nada se le resistía.

Sin embargo, esta vida no era lo que él buscaba, por lo que decidió entregarse, y así limpiar su nombre. Pero no, este no es el momento en que su vida se endereza. Condenado a galeras por ocho años, es incapaz de aguantar aquello y se acaba escabullendo, comenzando la gesta por la que se haría famoso en Francia: ser el fugitivo más escurridizo de la Justicia. Cada vez que lo atrapaban, él volvía a escapar, y cada vez más rápido. Aún así, no paró de buscar su camino en la vida. Prueba suerte como pirata e incluso trata de hacerse comerciante, y finge ser en varias ocasiones noble austríaco, marino, campesino, banquero, o incluso monja. En nada de esto tiene tanto éxito como a la hora de escapar. Los franceses apostaban a cuanto tiempo tardaría en volver a huir de prisión, puesto que su habilidad le había hecho popular. De hecho, al parecer protagonizo una surrealista evasión del presidio de Tolón. 

A la edad de 34 años, la leyenda en torno a su persona cuenta que, apresado de nuevo, pide entrevistarse con el jefe de policía de Lyon, el comisario Dubais. Allí solicita unirse a la policía como informante. El comisario no accede, pero él insiste en su propuesta, retándolo a que se lo lleve preso de vuelta a la cárcel, y que si logra escabullirse y volver voluntariamente, lo considere de nuevo. No hace falta decir que Vidocq ganó la apuesta.

Sus primeras experiencias en el bando de la Ley son poco brillantes: escuchaba en la cárcel y actuaba como soplón. Pero pronto es puesto en la calle para seguir haciendo esa misma labor con todos los criminales de la ciudad, que comienzan a conocerlo, y a odiarlo, por lo que debe usar su magnífica habilidad con el disfraz para acercarse a ellos. Dicen que en una ocasión llegó a ser contratado para realizar su propio asesinato.

Su conocimiento del mundo del crimen no basta para explicar la ingente cantidad de delincuentes con cuyas detenciones fue relacionado en esta época, por lo que entra a formar parte oficial de la Policía. Allí sugiere la formación de un cuerpo especial de seguridad, centrado en la investigación criminal, que se llamaría “Brigada de Seguridad” y de la cual sería el encargado, con doce hombres a sus órdenes. En París, su cuerpo tiene un enorme éxito, ya que trata de actuar antes incluso de que se realice el delito, siendo el primer cuerpo policial moderno de la historia. Por eso, pronto se convertiría en un cuerpo oficial del Estado, pasándose a llamar Seguridad Nacional (Sûreté Nationale), al frente de la cual estaría él. Ahora los franceses hacían apuestas sobre a cuántos criminales detendría en un mes. Incluso realizaba investigaciones criminales privadas de forma gratuita para sus amigos.

Mientras estuvo al frente de la Sûreté, Vidocq aplicó algunos descubrimientos científicos de su época a sus investigaciones, por lo que se le considera el padre de la criminología. Utilizó también la balística, e incluso inventó el sistema de registro de delincuentes, sin el cual no se entendería actualmente el ejercicio policial. Por si esto fuera poco, se esforzó por mejorar la situación de los detenidos en las prisiones, y empleó a ex convictos reformados en su brigada. 

Después de casi treinta años de labor policial, fue expulsado del cuerpo por razones políticas, acusándosele de ser bonapartista, por lo que trató de regentar una imprenta en la que empleaba antiguos delincuentes como él. Llegó a imprimir dos ediciones de su propia biografía antes de que el negocio fracasara y tuviera que cerrar. Por ello, debió volver a dedicarse a la investigación, así que creó la primera agencia de detectives privada de la historia: la «Oficina de Inteligencia» (Le bureau des renseignements). Por culpa de esto, tuvo varios roces con la policía nacional, que nunca antes había tenido que hacer frente a competencia. Aún así, salió airoso de todos sus desencuentros, y siguió cosechando éxitos hasta que se retiró en 1847, tras la muerte de su tercera mujer, cuando cerró su agencia. Casi hasta el final de sus días, dedicado a escribir sus memorias, siguió colaborando con la policía cuando esta solicitaba sus servicios.

Vidocq murió a los 82 años, habiendo encontrado su camino en la vida después de mucho buscar, a pesar de que el mundo que lo rodeaba nunca le puso las cosas demasiado fáciles. Sin embargo, la historia no sería la misma si este hombre no hubiese sido tan valiente como para cambiar de rumbo cada vez que fue necesario, en pos de aquello para lo que había nacido, y que aún no conocía. El mejor cambio, sin duda, es el que sale de uno mismo.



lunes, 18 de octubre de 2010

Blas de Lezo y la Guerra de la Oreja de Jenkins




Blas de Lezo y Olavarrieta nació el 3 de febrero de 1689 en Pasajes (Guipúzcoa). Con tan solo 12 años fue alistado como guardamarina a las ódenes del Conde de Toulouse, hermano de Luis XIV de Francia el cual había dictaminado un mayor intercambio entre oficiales españoles y franceses.

En 1701 estalló la Guerra de Sucesión, y en 1704, Blas de Lezo, con 15 años recién cumplidos, combatió en la mayor batalla naval del coflicto: Vélez-Málaga. Allí fue gravemente herido por un cañón en una pierna, que se le tuvo que amputar en el acto, en condiciones pésimas, y sin anestesia. Aún así, el joven siguió participando en el conflicto, llegando a protagonizar una heróica maniobra de distracción contra los ingleses en el sitio de Barcelona, o luchando en la batalla terrestre de la toma de Santa Catalina de Tolón, donde perdió su ojo izquierdo. Y es que con solo 25 años, el marino era cojo, tuerto, y manco, ya que una bala le inutilizó el brazo derecho, lo que le mereció el apodo de Patapalo o Mediohombre.

Tras la guerra se le asigna su primer barco, el Lanfranco, y a partir de entonces se dedicará a la caza de piratas en los Mares del Sur, frente a las costas de Perú. En esa época, se enamoró y casó en Lima con una tal Josefa Pacheco; y obtuvo por su actividad una gran reputación.
Sin embargo, en el año 30 es destinado al Mediterráneo, donde se cuenta que el Rey lo mandó con 6 navíos a Génova para recoger 2 millones de pesos que la républica debía a España. Blas de Lezo se reunió con los dirigentes genoveses y marcó una hora límite en el reloj de la ciudad, antes de la cual debían entregarle el dinero, o abriría fuego contra el puerto. No sólo logró la suma antes de la hora convenida, sino que obligó a aquellos hombres a protagonizar un homenaje público a la bandera española.
Más tarde, en Orán (Argelia), persiguió a bordo del Santiago al caudillo pirata Bay Hassan hasta la Bahía de Mostagán, defendida por 2 castillos y 4000 hombres, donde se refugió. De Lezo entró, destruyó los castillos, y apresó al pirata tras hundir su barco insignia solo con su buque.
Sin embargo, la mayor gesta del marino viene de su época de comandante general en Cartagena de Indias, cuando estalló la Guerra de la Oreja de Jenkins, o Guerra del Asiento. El Almirante Vernon se dirigía a la plaza tras conquistar Portobelo con la mayor armada reunida hasta la fecha desde la Gran Armada española: 186 barcos, 23.600 hombres y 2000 cañones. Por su parte, de Lezo contaba únicamente con 6 barcos, 3000 hombres y 990 piezas de artillería; por lo que Vernon pidió por carta la rendición de la ciudad. La respuesta del español fue: "Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobello me hubiera sobrado para contener su cobardía."

Tras tres duros meses de batalla, y gracias a la invención por su parte de la técnica de trinchera en zigzag y a la estratagema de enviar dos falsos desertores al enemigo para llevarlo donde él quería, logró salir sorprendentemente vencedor del mayor desembarco de la historia después del de Normandía, con menos de mil bajas y destrozando prácticamente la totalidad de los navíos ingleses. Se dice que Vernon gritó durante la retirada  "God damn you, Lezo!" a su rival en la fortaleza. De hecho, el inglés estaba tan seguro de la victoria que antes de entrar en combate había mandado acuñar monedas conmemorativas del suceso (y que se trataron de retirar tras conocerse la noticia de la derrota).
Moneda conmemorativa de la "victoria" de Vernon. De Lezo aparece sano para no parecer un rival débil
El rey Jorge II de Inglaterra se sintió tan avergonzado que ordenó a los historiadores que este suceso fuese eliminado para siempre de sus archivos, ya que no solo fue un hecho humillante, sino que resultó una batalla decisiva en el devenir de la guerra.

Blas de Lezo moriría días después víctima de la peste, y no fue hasta años después que la Corona otorgó a su familia el marquesado de la Real Defensa. Aún así, uno de los mayores héroes españoles de todos los tiempos fue relegado hasta hace bien poco al olvido.